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Violaron a Giselle Rimolo las presas





Giselle Rímolo, de reina a cenicienta en la cárcel: la presa que reveló el pacto secreto


La falsa médica estuvo detenida dos veces en Ezeiza. Pasó de ser la reclusa mimada a ser atacada con un palo de escoba. La promesa que no cumplió.

Publicada: 9/11/2017 - 13:55 hs.

"Giselle Rímolo contaba con un séquito que la seguía a todos lados. Aunque se trataba de amoldar a la vida tumbera lo mejor posible, nunca pasó desapercibida. Se cuidaba tanto en las comidas como en el más mínimo de los detalles de su imagen. Algunas de las compañeras hacían de estilistas, manicuras, cosmetólogas o psicólogas. En esta vida todo tiene un precio. Giselle lo pagaba sin chistar".

La que cuenta la intimidad de Giselle Rímolo en la cárcel de Ezeiza es María Silvina Prieto, condenada a perpetua por un crimen, ahora en libertad. Convivieron en el penal en 2004, cuando la falsa médica estuvo en su pabellón. Prieto escribió sus días con Rímolo en la cárcel y hace 4 años obtuvo 15 mil pesos por ganar el primer premio de Crónicas "La Voluntad", de la Fundación Tomás Eloy Martínez, la revista Anfibia, la editorial Planeta y los escritores Martín Caparrós y Eduardo Anguita.


En Crónicas Tumberas, Prieto relata el "pacto de damas" que Rímolo hizo con algunas de sus compañeras, que después no cumplió y la llevó a sufrir el ataque con un palo de escoba cuando pisó por segunda vez Ezeiza. El arreglo era que las chicas la asistían y ella debía pagar por eso. No era algo que ella quisiera, venía con el combo de las estilistas tumberas. Pero Rímolo creyó que nunca volvería a la cárcel y jamás cumplió con el compromiso asumido a la fuerza. La venganza fue terrible.

Su abogado, Roberto Schlagel, le contó hoy a TN que "ella tiene un estado psiquiátrico de estrés postraumático, producido por una brutal agresión que sufrió en su segunda detención en el año 2004 en el penal de mujeres de Ezeiza".

"Cuando la fui a ver estaba pelada, le habían arrancado los pelos a tirones y agredieron analmente y vaginalmente con un palo de escoba. Tenía serias lesiones internas, ginecológicas. Ella me contó que había aceptado por las presiones darle dinero a sus compañeras; nunca pensó que iba a regresar a la cárcel. Cuando la vuelven a detener, la mandaron al mismo pabellón y las otras internas la esperaron con una venganza", dijo Schlagel.




La "doctorcita" como la llamaba su ex, Silvio Soldán, que también estuvo unos días preso.


Rímolo hace lo imposible para no volver a la cárcel desde que la semana pasada la Corte confirmó su condena de 9 años por ejercicio ilegal de la medicina. El miércoles, en un estado de shock y sedada, el Servicio Penitenciario finalmente la sacó de su casa en Don Torcuato, la llevó a una clínica y su destino será la Unidad Penal 28 si la defensa no logra la prisión domiciliaria o en una clínica psiquiátrica.

Deprimida, sin las extensiones y con algunos kilos más, sus días serán diferentes a los que relató su excompañera de celda:

"Seguíamos con tanta atención la vida de la diva que no nos dimos cuenta de que ya estaba entre nosotras. La habían traído de incógnito y no la podían alojar en pabellones comunes porque transitaba un post-operatorio de una lipoescultura reciente. Así, vendada e inflamada, no podía mostrarse en público. Por eso, pasó su primera etapa en cautiverio en el centro médico de la unidad.

Giselle Rímolo contaba con un séquito que la seguía a todos lados. Aunque se trataba de amoldar a la vida tumbera lo mejor posible, nunca pasó desapercibida. Se cuidaba tanto en las comidas como en el más mínimo de los detalles de su imagen. Algunas de las compañeras hacían de estilistas, manicuras, cosmetólogas o psicólogas. En esta vida todo tiene un precio. Giselle lo pagaba sin chistar.

Cada vez que se duchaba, se generaba una ceremonia. Las estilistas entraban al baño a recuperar el pelo de las extensiones que, con el agua, se iba despegando. Con mucha paciencia lo secaban, peinaban y volvían a unir todo con la pistola de siliconas. Lamentablemente las uñas esculpidas no corrieron la misma suerte. Y sin embargo, ella no se resignaba jamás. Debía seguir mostrándose como una estrella: para su familia, su novio y los abogados.

Con Giselle, compartimos unos cuantos meses de ese fatídico 2004. Se fue un viernes, envuelta en un tailleur de reconocida marca de color rosa, que hacía juego con las uñas recién pintadas y el pelo medio ondulado. Nunca pareció una presa común, tampoco lo era, pero se encargó de no sobresalir demasiado".



https://tn.com.ar/policiales/giselle-rimolo-de-reina-cenicienta-en-la-carcel-la-presa-que-revelo-el-pacto-secreto_833476


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